La reciente actividad del Popocatépetl, uno de los volcanes más activos del planeta, ha llamado la atención del centro de México, región que concentra a más de 25 millones de personas en un radio de menos de cien kilómetros desde su cráter. En Puebla, donde la constante caída de ceniza ha obligado a la suspensión de clases y las autoridades sanitarias exigen el uso de cubrebocas, los rugidos del volcán aumentan en frecuencia e intensidad, sobre todo en las localidades más cercanas, donde se registraron las explosiones de los últimos días. han sacudido puertas y ventanas. La actividad en la madrugada del sábado 20 de mayo, un pulso eruptivo que provocó la caída de ceniza en el norte y oriente de la Ciudad de México, obligó al cierre de los aeropuertos capitalinos. Vídeos de explosiones nocturnas con material incandescente y columnas de gas que se extienden por kilómetros inundan las redes, pero ¿qué está pasando realmente con el Popocatépetl y cuál es el escenario que esperan los expertos en el futuro inmediato?
A partir del análisis del registro histórico de erupciones, el vulcanólogo Hugo Delgado Granados y sus colegas han propuesto un patrón en el comportamiento del Popocatépetl: “Hace muchos años publiqué un artículo en el que decía que cada 70 años más o menos el volcán se reactivaba. duró un tiempo activo y luego volvió a dormirse”, explica a EL PAÍS.Este periodo, de aproximadamente siete décadas, coincide con su última fase de actividad eruptiva, que se inició en 1919 y se apagó en 1927. A partir de entonces en adelante, el ‘Popo’ entró en una fase de reposo que se prolongó durante la mayor parte del siglo XX, hasta el aumento de su actividad en 1993, seguido de una serie de explosiones el 21 de diciembre de 1994 que obligaron a la primera evacuación moderna de los pueblos de los alrededores, Confirmó las sospechas iniciales: el gigante había despertado.
¿Qué está pasando con el Popocatépetl?
Sobre las explosiones más recientes del ‘Popo’, Delgado explica que si bien la actividad ha aumentado con respecto a los últimos meses, continúa dentro de los parámetros esperados y conocidos desde 1994, lo que implica explosiones de menor a moderada intensidad, denominadas vulcanianas. . “Podemos comparar las explosiones que están ocurriendo hoy con eventos anteriores y lo que podemos demostrar con datos es que, hasta el momento, no se ha superado el nivel en términos de energía esperada que ha manifestado el volcán después de casi 30 años”, explica. .
Según el último informe del Centro Nacional para la Prevención de Desastres (Cenapred), el escenario esperado para el corto plazo seguirá la tendencia de las últimas semanas, con “explosiones menores, algunas moderadas y ocasionalmente grandes, acompañadas de emisiones de ceniza y fragmentos incandescentes”. , dentro del radio de exclusión de 12 kilómetros”.

Semáforo de alerta volcánica: ¿Cómo se monitorea Popocatépetl?
El proceso eruptivo que inició en 1994 y se mantiene activo marcó un parteaguas en el estudio del Popocatépetl. Desde entonces, el monitoreo se ha intensificado con la instalación de nuevos sistemas para medir su actividad y hoy es uno de los volcanes más monitoreados del mundo, con 16 estaciones que cubren las tres líneas de observación recomendadas por la Asociación Internacional de Vulcanología (IAVCEI).
El primer indicador a observar son los sismos y temblores que ocurren bajo el Popocatépetl e indican el movimiento de materiales y gases en su interior. Delgado compara los temblores con las vibraciones que produce el aire al tocar una flauta y tapar algunos de sus agujeros, según la nota deseada. El resultado de estos movimientos, plasmado en sismogramas, arroja datos clave para conocer la cantidad de material magmático y gases en el interior del volcán. El segundo es el análisis de la emisión de gases, especialmente de dióxido de azufre, compuesto que sirve como indicador para estimar la cantidad de magma acumulado en el edificio volcánico. El último es la deformación que sufre la superficie del volcán, que se infla o desinfla en función de los materiales del interior y se analiza con sistemas de posicionamiento global.
“Cuando combinamos al menos estas tres líneas de evidencia, podemos ver qué está haciendo el volcán”, explica Delgado, miembro del Comité Asesor Científico, un grupo integrado por vulcanólogos e ingenieros que emite recomendaciones y opiniones técnicas que orientan la política. y decisiones de la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC). De ahí que, a pesar de las explosiones, la caída de ceniza y las imágenes que parecen mostrar un aumento alarmante de la actividad del ‘Popo’, el semáforo de alerta volcánica puesto por el Cenapred continúa en Amarillo fase 2. “Aunque hay explosiones muy importantes, por el momento la energía que desprenden estos eventos, que son muy espectaculares, sobre todo cuando ocurren de noche, no ha superado en modo alguno instrumentalmente lo que conocemos”, asegura el experto.
Erupciones plinianas y vulcanianas: entendiendo el volcán
Para entender el estado actual del volcán es necesario mirar a su pasado remoto, un tiempo que se remonta a miles de años antes de que los mexicas y otras civilizaciones mesoamericanas encontraran tierras fértiles para asentarse en el centro de México. A lo largo de sus 21.000 años de historia, es posible distinguir aproximadamente dos tipos de erupciones en Popocatépetl: la pliniana, la más grande y destructiva, cuya frecuencia se estima en una vez cada mil años; y las vulcanianas, de magnitud baja a media, que se dan en un intervalo de decenas o centenas de años.

Con base en la historia de erupciones de ‘Popo’, Delgado y sus colegas estiman que el volcán está pasando por un período interpliniano, dentro del cual se inició un nuevo proceso eruptivo a fines de 1994. “En los últimos 5.000 años ha habido cinco erupciones plinianas , la última fue hace 1.300 años. Entre una erupción pliniana y una erupción pliniana ocurren erupciones de menor magnitud, que pueden ser fuertes, contienen mucho gas, pero no son tan grandes como una pliniana”, detalla.
En los últimos 29 años, la actividad del Popocatépetl se ha caracterizado por explosiones vulcanianas de baja y mediana magnitud, como las ocurridas en los últimos meses. “Estas erupciones pueden tener una gran expresión energética que se escucha en las poblaciones alrededor del volcán, pueden durar horas y días, pero de ninguna manera son comparables con una erupción de carácter pliniano”. La última erupción volcánica a gran escala ocurrió en 1663 y provocó una intensa caída de ceniza en Puebla, además de destruir puertas, ventanas y algunas estructuras, escenario que, a la luz de los datos actuales, se considera improbable.
Qué hacer en caso de caída de ceniza volcánica
La caída de ceniza en Puebla, Ciudad de México, Morelos y Estado de México es el fenómeno más frecuente desde el despertar del Popocatépetl en 1994. Durante el actual proceso eruptivo, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México ha detenido sus operaciones en al menos siete ocasiones , más recientemente durante la mañana y tarde del sábado 20 de mayo. Ante la caída de ceniza, las autoridades de salud de Puebla y Ciudad de México han llamado al uso de cubrebocas para evitar su ingreso al sistema respiratorio y limitar el ejercicio al aire libre. La ceniza volcánica, formada por fragmentos de roca de tamaño variable, debe ser sacudida o barrida sin utilizar agua y evitando el contacto con depósitos de agua o desagües que puedan obstruirse.
Tras desmentir un video fuera de contexto que circula en redes sociales y que muestra una erupción del Volcán de Fuego en Guatemala como si fuera Popocatépetl, Delgado Granados llama a mantenerse informado a través de medios oficiales y compartir solo información verificada. “Los científicos tenemos que tomar un poco más de iniciativa, meternos en las redes sociales e intentar comunicar directamente a la población lo que estamos observando”, dice mientras explica la labor de divulgación del Laboratorio de Observación Volcánica del Instituto de Geofísica de la UNAM en redes sociales, donde se comparten explicaciones de lo que está pasando con información contrastada. Si bien los avances científicos y los análisis recientes del Popocatépetl han permitido un monitoreo permanente de su actividad, lo que constituye una brújula invaluable para tomar decisiones con base en criterios científicos, el vulcanólogo lanza una última advertencia: “Los volcanes a veces hacen cosas inesperadas, eso es algo que existe y nosotros no lo descarto, pero lo que nos corresponde a nosotros ya la autoridad es seguir observando”, concluye.
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