Sandra Cuevas se despide de la política
Sandra Cuevas, alcaldesa de Cuauhtémoc, en los tribunales de la Ciudad de México en marzo pasado.Daniel Augusto (Cuarto oscuro)

Sandra Cuevas se despide a su manera: con vuelo hacia adelante. Acorralado por el enésimo escándalo sobre su gestión, el número uno de Cuauhtémoc, la alcaldía más céntrica y de mayor peso político de la Ciudad de México, anunció este martes que dará un paso atrás cuando termine su legislatura: “No tengo él amo el dinero o el poder, amo a mi país, a mis padres y a Dios, por eso en el 2024 nos retiramos de la política, porque yo no soy un político tradicional, pero primero voy a hacer todo lo que esté en mi poder para que Claudia Sheinbaum Pardo no es presidente [del Gobierno] y que la ciudad de mexico se gane con la alianza [la coalición Va por México, formada por PRI, PRD y PAN, con la que Cuevas se aupó al poder]”.

El político ha aprovechado una rueda de prensa para cargar contra Sheinbaum, jefe de Gobierno de la capital, al que Cuevas declaró la guerra hace tiempo. En su cuenta, la alcaldesa de Cuauhtémoc se ha presentado como víctima de “acoso político” y de la prensa por su oposición a Morena, el partido de Sheinbaum y al presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. “Osar señalar al presidente y al jefe de Gobierno tiene consecuencias: tener una persecución política todos los días de mi gestión”.

El enésimo escándalo protagonizado por Cuevas llegó hace dos semanas envuelto en bailes y música festiva. El quiosco morisco, lugar emblemático del centro de Santa María de la Ribera, es desde hace años el escenario al que acuden cada domingo decenas de bailaores para disfrutar del baile al aire libre. Pero la práctica, que muchos vecinos ven como un elemento que ya forma parte de la identidad del barrio, comenzó a ser perseguida por Cuevas, quien la acusó de generar demasiado ruido. El conflicto escaló: la alcaldesa ordenó cortar la luz para que no pudieran reproducir sus melodías y los afectados se concentraron a las puertas de la casa Cuevas —en la misma plaza donde está el quiosco—. La protesta, con momentos de tensión entre manifestantes y policías, se saldó con la destitución de los directores generales de Gobierno e Imagen Urbana de la alcaldía.

La tensión no llegó a mayores, pero Cuevas se apresuró a capitalizar la protesta y acusó a Sheinbaum, blanco habitual de sus críticas, de haber organizado la manifestación en su contra. “Les voy a mostrar la persecución política, que la ‘manifestación pacífica’ contra Sandra Cuevas en su casa fue orquestada por el jefe de gobierno, quien le envió servidores públicos. No fue una manifestación vecinal, fue la gente de Claudia Sheinbaum Pardo”, afirmó la alcaldesa en la rueda de prensa.

Acto seguido, ha comenzado a mostrar vídeos de la protesta del domingo, señalando a los manifestantes e identificándolos, sin aportar pruebas más allá de fotografías descontextualizadas, como “servidores de Sheinbaum”. “Aquí están los cantantes, que también están relacionados con Morena”; “Este provocador que comanda Claudia Sheinbaum está en primera plana de El dia porque le pegan a la pobre, pero la pobre se pasó todo el video provocando” o “mandan a una mujer pura precisamente para que se vea que estamos atacando a las mujeres”, son algunos de los comentarios irónicos que ha hecho.

La alcaldesa también ha aprovechado para defender la actuación de la policía, llegando incluso a justificar ataques violentos a los manifestantes, documentados en vídeo, con un dejo de burla en el tono. Uno de los comentarios más habituales de los vecinos que han criticado la retirada del sonidero es que los afectados eran personas mayores que iban a bailar al quiosco. “No hay adultos mayores, hay puro joven provocador”, respondió Cuevas. “Ellos trabajan para Morena, vinieron a provocar a mi casa, son empleados de Claudia Sheinbaum que les paga para provocar y volar eventos”.

La polémica con los bailarines solo ha sido la última de una larga lista de exabruptos que le han valido cada vez más enemistades políticas. De familia humilde y criada en el barrio rudo de Tepito, llegó a afirmar que no le gustaban los pobres. Meses después, agredió a dos policías con los que tuvo que cerrar un acuerdo de reparación, disculparse, indemnizar con 30.000 pesos a cada agente y acudir a tratamiento psicológico para “manejar la ira y las emociones”. Para desviar la atención del caso, convocó un acto con sus seguidores en el que lanzó globos con billetes de 500 pesos desde un balcón. En mayo del año pasado, en una de sus decisiones más polémicas y criticadas por los vecinos, ordenó retirar los rótulos de los puestos callejeros —considerados expresiones de arte popular— y uniformarlos con pintura blanca con el logo de la alcaldía. .

El lenguaje directo y el estilo agresivo han sido su marca personal para hacer política. “Mi temperamento, mi carácter, a veces no me permiten ser hipócrita, no me permiten tener tantas máscaras como están acostumbrados muchos políticos. No soy una política tradicional y estoy muy orgullosa de eso”, declaró este martes. “[Sheinbaum y yo] no somos lo mismo. ¿Por qué tengo este acoso diario? ¿Por qué se meten con mi familia? Porque no somos los mismos, porque al no poder encontrar desvío de dinero, compra de obras con precios altos, al no poder encontrar ningún tema de corrupción, su segunda opción es hostigar y provocar hasta caer, en eso pasó”, dijo. Continuó Cuevas.

Los dos últimos años de la alcaldesa al frente de Cuauhtémoc parecen candentes. Un último gran empujón en una carrera marcada por el conflicto para una mujer que ha forjado su identidad política a través de la confrontación. Ella ya lo ha dejado claro: Cuevas quiere morir con las botas puestas.

Suscríbete aquí hacia Boletin informativo de EL PAÍS México y recibe toda la información clave de la actualidad de este país